una historia que nunca terminó
A finales de los años ochenta escribí una canción llamada Pequeño Criminal.
Hablaba de graffiti, de identidad y de una generación que encontró en las calles una forma de expresarse cuando no existían las redes sociales ni Internet.
Casi cuarenta años después, aquella historia sigue viva.
Esta es la historia de una canción, de una cultura y de varias generaciones de escritores que dejaron su nombre en muros, trenes y ciudades enteras.
Cuando todo empezó
Cuando escribí Pequeño Criminal ni siquiera imaginaba que seguiríamos hablando de esta historia casi cuarenta años después.
Aquella canción nació en los primeros años del graffiti moderno en Madrid, cuando las firmas empezaban a aparecer en estaciones, muros y trenes. No existían redes sociales ni teléfonos móviles. La calle era el lugar donde se dejaba constancia de que uno había pasado por allí.
Para muchos era vandalismo.
Para otros era identidad, arte y necesidad de expresión.
Con el tiempo, aquella canción terminó vinculada al documental «Mi firma en las paredes», emitido dentro de la serie Crónicas Urbanas de TVE, convirtiéndose en un pequeño testimonio de una época que hoy forma parte de la historia de la cultura urbana española.
Madrid, finales de los ochenta
¿Por qué Pequeño Criminal?
Porque así nos llamaban.
A mediados de los años ochenta pintar una pared, una estación o un tren podía significar multas, persecuciones e incluso enfrentamientos con vigilantes de seguridad. Éramos adolescentes con botes de pintura, pero el sistema nos señalaba como si fuéramos una amenaza.
Aquella contradicción me marcó profundamente.
Veía cómo se criminalizaba una forma de expresión artística mientras otras formas de violencia, mucho más graves, parecían formar parte de la normalidad cotidiana.
De esa reflexión nació Pequeño Criminal.
No como una celebración del delito, sino como una crítica a la forma en que la sociedad decide quién merece ser señalado y quién no.
El graffiti era nuestra voz.
Nuestra manera de decir: «Estamos aquí».
Y aunque hayan pasado casi cuarenta años, esa pregunta sigue tan viva como entonces.
El día que apareció Miguel Trillo
A mediados de los años ochenta pasaba muchos domingos en Nuevos Ministerios. Allí se reunían b-boys, escritores, skaters y gente llegada de distintos barrios de Madrid. Era uno de esos lugares donde podías enterarte de todo lo que estaba ocurriendo en la cultura hip-hop de la ciudad.
Un día apareció un hombre con una cámara.
Mientras algunos se reían de él o le vacilaban, yo me acerqué para hablar. Estaba buscando información sobre el graffiti y necesitaba conocer a la gente que realmente estaba pintando las calles.
Le dije que podía ayudarle.
Le enseñé muros, firmas y piezas. Le llevé a conocer rincones de Madrid, Alcorcón y Móstoles donde el graffiti estaba desarrollando un estilo propio. Quería que viera que aquello no era una moda pasajera ni una simple gamberrada. Había creatividad, códigos, identidad y una cultura creciendo a toda velocidad.
Aquel fotógrafo era Miguel Trillo.
Con el tiempo acabaría convirtiéndose en una figura fundamental de la fotografía urbana española, pero entonces simplemente era alguien intentando entender lo que estaba ocurriendo en las calles.
Y fue precisamente durante aquellos encuentros cuando escuchó por primera vez una canción que yo llevaba tiempo cantando entre amigos.
Se llamaba Pequeño Criminal.
Lo que vino después
La canción siguió circulando durante años entre escritores, aficionados al hip-hop y personas vinculadas a la cultura urbana.
Con el paso del tiempo comenzaron a llegar mensajes, recuerdos y anécdotas de gente que había conocido Pequeño Criminal a través del documental, de cintas copiadas entre amigos o del recopilatorio Rap’in Madrid.
Algunos me contaban que la canción les había acompañado en sus primeros pasos dentro del graffiti. Otros simplemente la recordaban como una fotografía de una época.
Lo que nunca imaginé fue que seguiría apareciendo en conversaciones casi cuarenta años después.
Cuarenta años después
Durante décadas muchas personas siguieron hablándome de Pequeño Criminal.
Amigos, escritores, aficionados al hip-hop e incluso personas que yo no conocía me recordaban aquella canción. Algunos me contaban que la habían escuchado siendo adolescentes. Otros me decían que les había acompañado durante sus primeros pasos en el graffiti o en la cultura hip-hop.
Con el paso de los años empecé a escuchar una pregunta cada vez más veces:
«¿Y para cuándo la segunda parte?»
Nunca tuve prisa.
La historia ya estaba escrita.
Pero la pregunta seguía apareciendo.
Y llegó un momento en el que entendí que Pequeño Criminal ya no me pertenecía solamente a mí. También pertenecía a todas las personas que la habían hecho suya durante casi cuarenta años.
Pequeño Criminal II nació de esa mezcla de recuerdos, gratitud y responsabilidad.
No como un ejercicio de nostalgia.
Sino como una respuesta para todos aquellos que nunca dejaron de sentirse un pequeño criminal.
La nueva generación
Pequeño Criminal II no habla únicamente de quienes estuvimos allí en los años ochenta.
Habla también de quienes llegaron después.
De los escritores que siguieron pintando trenes, muros y persianas.
De quienes mantuvieron viva una cultura que ha atravesado generaciones enteras.
La segunda parte no es un regreso al pasado.
Es un reconocimiento a quienes siguieron plantando la misma semilla.
Escucha Pequeño Criminal II
Casi cuarenta años después de la canción original, Pequeño Criminal II ya está disponible en plataformas digitales.
Esta nueva versión es un homenaje a todas las generaciones de escritores, breakers, MCs, DJs y amantes de la cultura hip-hop que mantuvieron viva la llama durante décadas.
Escúchala en tu plataforma favorita:
🎧 https://share.amuse.io/track/eseanhell-pequeno-criminal-ii
Disponible en Spotify, Apple Music, Deezer, YouTube Music, TIDAL y otros servicios de streaming.
Quizá la mayor sorpresa no fue volver a escuchar aquella canción.
La mayor sorpresa fue descubrir que, cuarenta años después, los pequeños criminales seguían ahí.
Y la historia continúa
Pequeño Criminal nunca fue una canción sobre mí.
Fue una canción sobre todos los que encontraron en una firma, un mural o una canción una forma de decir: «estamos aquí».
Casi cuarenta años después, siguen apareciendo nuevos escritores, nuevos artistas y nuevas generaciones.
Quizá por eso esta historia todavía no ha terminado.



