LA PRIMERA HERIDA SIGUE ABIERTA
Hay historias que sobreviven porque alguien las escribió.
Y hay historias que sobreviven porque siguen ocurriendo.
Gilgamesh pertenece a las dos.
Hace más de cuatro mil años, en una ciudad llamada Uruk, alguien grabó sobre arcilla una pregunta que todavía no hemos conseguido responder:
¿Qué hacemos con la muerte?
No con la muerte abstracta.
No con la muerte filosófica.
Con la muerte real.
La de las personas que amamos.
La que nos obliga a mirarnos al espejo y reconocer que también nosotros desapareceremos algún día.
Durante semanas he trabajado en dos versiones de esta obra:
Gilgamesh (Crónicas) y Gilgamesh (Epopeya).
La primera es una mirada condensada, una especie de fotografía emocional.
La segunda es el viaje completo.
No he querido contar la historia como un arqueólogo.
He querido contarla como un ser humano.
Porque al leer la epopeya descubrí algo que me acompañó durante mucho tiempo:
Gilgamesh no busca la inmortalidad porque ame la gloria.
La busca porque no soporta perder a Enkidu.
Y en ese momento deja de ser un rey.
Deja de ser un semidiós.
Se convierte en uno de nosotros.
Quizá por eso la historia sigue viva cuatro mil años después.
Porque todos hemos perdido algo.
Porque todos hemos querido recuperar algo.
Porque todos hemos buscado respuestas donde no estaban.
Y porque, tarde o temprano, todos terminamos comprendiendo que la eternidad no vive en una flor.
Ni en un dios.
Ni en una corona.
Vive en la huella que dejamos en los demás.
Mientras trabajaba en estas canciones aparecieron muchas conexiones inesperadas.
Utnapishtim y Noé.
La serpiente.
La búsqueda de la vida eterna.
Los grandes maestros espirituales.
Los viejos relatos que parecen distintos hasta que miras debajo de la superficie y descubres que todos hablan de la misma herida.
Quizá la humanidad lleva miles de años intentando contar la misma historia con nombres diferentes.
Esta canción no pretende dar respuestas.
Pretende mantener viva la pregunta.
Y tal vez eso sea exactamente lo que hicieron aquellos escribas sumerios cuando presionaron sus tablillas de barro por primera vez.
Cuatro mil años después seguimos escuchándolos.
Y quizá ellos, de algún modo, consiguieron aquello que Gilgamesh perseguía.
La inmortalidad.
Gilgamesh (Crónicas)
https://share.amuse.io/track/eseanhell-gilgamesh-cronicas.
Gilgamesh (Epopeya)
https://share.amuse.io/track/eseanhell-gilgamesh-epopeya.
La serpiente robó la flor.
Pero no pudo borrar la huella.
— eseanhell



